Una meta

Tengo una meta que muy poca gente conoce. Me propuse en realizarla alrededor de enero del año pasado, solo faltan algunos mese para que se cumpla el plazo y aun no he logrado mi objetivo.



Me he estado preparando, buscando infromación, estudiando y practicando. Pero tengo también otros intereses muy importantes. También está mi estilo de vida Cristiana que me ha consumido algo se tiempo.



Sin más, hoy salí a correr. Fui al campo a las cinco con cuarto y me puse a trotar. Cada vuelta era de 100 metros y la primera fue sencilla, la segunda mas secilla aun, en la tercera me faltaba el aliento y caminé la mitad de la pista despues seguí trotando hasta darle seis vueltas al campo de un tirón, caminé de nuevo y así entre correr algunas vueltas sin fatiga para repentinamente cansarme y caminar cincuenta metros doblé y redoblé mi objetivo de hacer por lo menos cinco vueltas (500 metros) e hice veintidós (2200 metros).



Regresé a mi casa y me dolían los muslos, aun no sé si fue por no calentar o por no haber corrido de esa forma durante años; pasé por la puerta de mi hogar pero seguía caminando, pasé la farmacia de la vecina y repasé el chifa de postvecino, seguí hasta un parque hasta que dije "Oh oh, por ahí vive Elisa" Y por supuesto era verdad, ya eran las seis con treinta y la gente salía a por el pan.



Maldita coincidencia ese día porque me la encontré. Esa chica de cabello castaño semi-ondulado que cae como tela india sobre sus fragiles hombros; esa forma de caminar como si fuera la misma chica de Ipanema que paso a paso por el camino del parque con su gentil y suave contoneo, su preciosa sonrisa de labios rosados resaltantes entre su clara tez de marfil y unos ojos (¡Pero que ojos!) tan hermosos de verde esmeralda entrelazado a un rarisimo, pero igual de hermoso, azul violado por los cuales en la antiguedad se hubieran disputados las grandes naciones. Sin duda ella era descendiente de Helena de Troya, Cleopatra y mas bellezas históricas que no se comparan en su hermosura a ella.



Iba con un buzo habitual, pero no me fijo en su ropa sinó en su mirada. Cierro los ojos por un momento y esucho sus paso a unos dies metros en frente mío. Los abro de nuevo, nuestras miradas se cruzan. En ese instante recuerdo todo lo que habíamos pasado desde hace un par de años: cuando nos conocimos, el momento en que accidentalmente le revelé mis sentimiento, el calor de su piel cuando nos agrrabamos de la mano y de la gentil manera en que terminó conmigo.



Me mira, pestañea y se pasa los manos por los ojos porque piensa que sigue un poco dormida.

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